La teoría de Dios

Llegué tarde. Otra vez. Para variar. Él ya estaba tirado en el piso fumando. Me miró y se rió, para no putearme. Me senté y me pasó el porro. Le di unas secas y le pregunté como andaba, como estaban sus cosas. Me dijo que bien. Y me preguntó que onda, porque sabía que yo estaba ansioso por hablar y empecé. Que la conchasumadre, que como puede ser, que siempre yo. El fumaba y miraba al cielo de una forma que me hacía dudar de cuánto estaba escuchando verdaderamente de lo que le estaba diciendo. Me sentí medio irritado cuando lo vi así y le pregunté si me estaba prestando atención. Se rió y me dijo que si si, que hable, que él me escuchaba. Entonces seguí con mis White People problems. Y como ya me había empezado a pegar el porro empecé a echarle la culpa a la sociedad, al capitalismo y a lo que carajo fuese. Que porque la escuela o mamá y papá no nos dicen como van a ser las cosas, que las películas nos hacen creer que existe el amor de nuestras vidas y una vez que lo encontramos todos es posible, todo es verdad y todo es genial, que todo se puede perdonar, que todo se puede superar. Nos crean una falsa imagen de que el amor es perfecto y que todo lo que deseamos va a pasar. Que cómo nos hacen esperar una idea del mundo solamente para que después nos choquemos con la realidad de que tus papás, tus amigos y toda la gente que idealizas no es como vos esperás, y vos tampoco sos lo que ellos esperan. Que te van a defraudar y vos también vas a defraudar. Que te van a mentir y vos también, incluso a quienes menos deberías. Que te vas a sentir decepcionado. Que se van a sentir decepcionados de vos. Ahí nomás me interrumpió y me dijo que en todo el tema del amor y el desamor, no podía decir nada, porque no sabía tres carajos. Pero que no haga nada sin pensarlo, porque lo único peor que mandarte una cagada enojado, es mandarte una cagada dolido. Nos quedamos los dos callados un rato, le devolví el porro casi imposible de fumar, pero armó un tuquero y le dió las últimas tres secas que quedaban. - Así se debe haber sentido dios -, me dijo. Yo ya estaba muy loco, y entendí que estaba queriendo decir que dios se debía sentir así de bien como se sentía él en ese momento después de fumar, tirado en el pasto mirando el cielo sin preocupaciones. Le dije que no creía, que me lo imaginaba al viejo hasta las bolas de papeles con plegarias pelotudas, con ganas de renunciar y de quedarse en el paraíso o bajar ahí con nosotros a fumar un porro, tirado en el pasto sin pensar en el tipo que le está pidiendo por la mamá, por la pareja o por el hijo, y menos que menos en el pelotudo que está hinchandole los huevos para que el arquero de su equipo se ilumine y ataje un penal.
- no, yo decía por lo que hablamos recién - me dijo. Y yo le pregunté si estaba queriendo decir que dios en algún momento de calentura nos manda las enfermedades, las guerras y todas esas mierdas.
- Si, eso o capaz dios también estaba enamorado del mundo, y cuando vio todas las mierdas que hacíamos se sintió decepcionado-.
Si fuese religioso podría pensar entonces que cuando nos enamoramos, proyectamos esa idea de mundo perfecto que tuvo dios cuando creó el universo. Lástima que yo no creo en dios.

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