Watching the wheels

Subo al colectivo y pago. Miro mi reloj para saber como estoy con el horario y veo donde puedo acomodarme. Nunca en los asientos de adelante porque al primer jubilado, Embarazada o alguien con un bebé, chau cagaste. Lo tenés que dar. Casi nunca hay lugares libres. Y siempre me llama la atención la cantidad de mujeres con bebés que viajan en ésta línea. Me gusta el humor negro y me conozco, se que voy a hacer algún chiste con eso en alguna ocasión.
Casi como una secuela de unos pocos años de abuso, me pongo a pensar en lo que estaría pensando si estuviera fumado. Y miro a todo el mundo, la flaca muy linda que va con una mochila, el pelo rapado a los costados, algunos mechones llamativos de colores violetas y fucsias, anteojos de sol redondos con marco dorado, aparatos en la boca, campera bomber y pantalón chupin. Me quedo mirándola y pienso, tan linda y con esa cara de orto. El flaco de más adelante que subió con una bebe y le cedieron el asiento. Se está quedando pelado. Se le nota lo forzado en los buenos modales. Besa todo el tiempo a la bebé, y le da su celular para que vaya calmada en el viaje. El chofer del colectivo, que se nota que no quiere hablar con nadie, y la  verdad parece que estuviera pensando en otra cosa mientras maneja. La señora que se hizo la dormida cuando subió el futuro calvo con la bebe en brazos. Varios nenes con guardapolvo escolar. Todos en la suya. Cada uno próximo a seguir con el cronograma de su día, que tiene muchísimo del anterior y del siguiente. Que es como es porque ayer fue como fue. Y todos los dias previos. Y medito sobre eso. Hoy, el presente, ahora. Todo es una construcción cimentada en lo que vivimos, sentimos, vimos, dijimos, escuchamos. Y el reloj sigue avanzando sin piedad. Sin pensar en nadie. El tiempo no espera por nadie y no va a esperar por mi tampoco. Y así como medito sobre el tiempo, vuelvo a mirar a la flaca con campera bomber y se me entrecruza algún recuerdo de cuando tenia 17 años y pasaba los recreos en el buffet del colegio. Esa flaca que lleva todo su pasado a cuestas, ¿habrá podido cumplir todos sus sueños? ¿Podrá cumplirlos mañana? Cuando se parte nuestra vida somos inmortales, con tiempo para perder. Y el reloj avanza sin piedad para que de repente un día miremos para atrás y nos cuestionemos las decisiones que nos llevaron al momento en el que estamos ahora. Miro al casi pelado y me hago las mismas preguntas. Y no hay dudas. El tiempo destruye casi todo a su paso, pero también cura todas las heridas. De repente el ruido del timbre me baja de mi nube. La flaca de pelos de colores está parada frente a la puerta, esperando para bajar en la estación. Me mira con desprecio y sospecho que se dio cuenta de como me quedé mirándola mientras pensaba en ella. Por su cara, no le gustó nada. Nos bajamos juntos y ella se va rápido y siento que en parte es para alejarse de mi. Voy caminando para la barrera y me cruzo con todo el mundo a las apuradas. Cada uno con su reloj en la espalda. Con el ayer que les construye el hoy. Con el mañana que les roba el ahora.

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