Lanús US (o los ecos de un pueblo en la fosa de las marianas)

Una vez más dejé el auto en casa. Me fui en subte hasta Little New York city para dar una de mis malditas rondas nostálgicas. Todavía quedan en las carteleras algunos afiches de esa vieja campaña masiva de justificación. Banderas de Argentina justo arriba de la salida de la boca del subte como para recordarte donde estás. Y cuando asomas la nariz empezas a sentir el olor nauseabundo de la basura sin recoger. Los hologramas señuelos abandonados de los cyborgs policías proyectan dealers empilchados a la gangsta style en prácticamente todas las esquinas. Las prostitutas androides se te abalanzan con sus prótesis oxidadas que rechinan por la falta de aceite. Y yo camino con un sobretodo y un sombrero de hongo para no desentonar. Busco mi mojo, obvio. Deambulo por las calles un poco por un sueño que tuve, y otro poco porque ya no me queda nada mejor por hacer.
El sueño terminó, como termina todo en este lugar. El corporativismo más chancho financió la utopía de un loco que escuchó alguna vez en algún aula del conurbano que el mapa de Lanús y el de Estados Unidos eran iguales. Entonces hubo que hacer desaparecer ese agujero de delincuencia, narcotrafico, corrupción y prostitución para dar lugar a un espejo de la mejor ciudad del mundo. La fantasía del progreso. El sueño americano for export sobre las cenizas de un pueblo roto y deshecho, condenado a sucumbir por sus propios vicios. Enterrado en lo más profundo por consenso de sus nativos, con la tierra echada por las promesas del Partido Amarillo. Un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla. Y así fue, como si se tratara de un destino inevitable.

Dos años...

Dos años duro la algarabía de la nueva ciudad. Los caprichos mas obscenos y los gustos de sibaritas narcisistas marcaron la agenda de lo que supo ser un sueño hecho realidad. Extensión de la red subterránea, pantallas, diversidad cultural, luces, histeria. "¿Porqué no?" Fue el leit motiv de toda la campaña. La vida es un capitulo de Los Simpson. Después de todo, ¿a quién no le gustan Los Simpson? Preguntó el excéntrico trotamundos que se llenó los bolsillos y terminó con una soga atada al cuello. Todo duró dos años.
Hoy en la pequeña New York City se huele mugre, se pagan coimas, se roba, se mata, se viola y todo volvió a ser como antes pero con landscape de primer mundo. Calles inundadas pero con japoneses vendiendo pescado fresco en puestos. Tal vez algo más, si jugas bien tus cartas. Yo deambulo buscando mi perspicacia y, aunque lo niegue, se que cualquier excusa es buena para no estar en casa haciendo comida para uno, con el gato caminando entre mis piernas. Con la amarga sensación de que todo lo que perdí fue por culpa mía. Pensando en cualquier lugar para ir a caminar y evitar asi la soledad y el silencio de un hogar que me queda gigante. Yo, que supe ser un tecnológico, un normal, hoy camino por ciudades olvidadas casi como un outsider, buscándome, buscando un libro, un disco, una película especial. Así serán mis días hasta que la vieja cosechera bese mi cuerpo. Los malditos no descansan, y los hijos de puta nunca encuentran la paz.

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