Reflejos
En medio del trance, del disfrute y de viajar por el momento de mayores sensaciones positivas que tuvo en lo que había sido casi un año de pesadilla, comenzó a pensar, sin querer, en la materia gris. Ese músculo fascinante que puede funcionar maravillosamente y llevarte a estados de goce total o ponerse en guerra contra su dueño y clavarle una daga, inventar algo tan abstracto e imposible de describir con justeza como son los sentimientos. Positivos y negativos. El cerebro te pone los pies sobre la tierra o te venda los ojos. Funciona de manera tan extraña que una parte consciente puede manifestarse de una forma, y en realidad otra parte inconsciente más fuerte puja y gana.
La materia gris que hace que los malos buenos culeen sus estrellas a todo trapo pero también les impide dormir, les cruza un nombre, un deja vu, una imagen. Cualquier disparador sirve para estremecer incluso al mas fuerte y dejarlo desarmado. La misma materia hace que ellos elijan mostrarse felices en lenguaje binario, siempre sonriendo.
Es el músculo que se hace que ella vaya y traicione, que planee de antemano fallar contra su propia estabilidad. Una parte del cuerpo tan fascinante que teje una red de pensamientos que llevan a que ella, que parece feliz, se boicotee. Un hipotálamo revoltoso.
Él castiga su cerebro. Mata neuronas y disminuye funciones. La parte inconsciente le dice a veces que es suficiente, es hora de parar. Pero como hacen casi todos, el calla a su materia gris. Funcionamos así. Callamos las voces que nos dicen lo que no queremos escuchar, aunque sea la propia. Y asi está la posibilidad de ser un pobre infeliz por elección propia, porque en la puja por los dos mensajes que nos envia la materia gris, casi siempre elegimos el mensaje incorrecto.
Es tan increíble el cerebro... Otro de los que elijen mal en la puja de los mensajes, opta por reprimir sus impulsos. No conoce otra forma de comportarse. Y así y todo se reprime. Por deber o tal vez porque su materia gris le envía mensajes confusos. Mensajes diferentes. El consciente es realmente desesperanzador, sabe con certeza que está haciendo miserable la vida de un ser humano al que se desespera por ver feliz. Hora de irse. Cree sinceramente que hay otra mano en el plato. Pero alguna parte del cerebro también le manda algun sentimiento de esperanza que no tiene absolutamente ningún fundamento. Otra vez en el mismo lugar.
A ella su cerebro la castiga, le dice que está perdiendo el tiempo pero tampoco la deja renunciar. No puede disimular la sensación de rechazo. Piensa en cada viaje en colectivo o tren, en cada palabra que lee, en cada información nueva que le abre otro mundo... Que habré visto? Qué me cautivó? Cómo salgo de acá?
La materia gris de otro lo hace deglutir alimentos como si no hubiese mañana, con la misión de ignorar que es completamente infeliz.
Este músculo ayudó alguna vez a que alguien diseñe un sistema que parece simple. Y funciona a la perfección en los cerebros de casi todos y así es como nos sentimos dueños de ellas, que sienten como por su materia gris circula la sensación de resignación porque también se sienten nuestras. Ya no, los cerebros comenzaron a despertar. Demasiada sangre corrió ya por las calles de todo el mundo y parece que esta vez, por fin, ha comenzado a cambiar la historia de forma muchísimo mas lenta de lo que los grandes manejadores de nuestros cerebros quieren que creamos. Algo es algo. Mañana será muchísimo y no quedarán alternativas para nuestra materia gris más que la deconstrucción. La tarea mas difícil de todas. Pelear contra nosotros mismos por orden del músculo que maneja todas las funciones de nuestro cuerpo. Una ironía increíble. Tu cabeza puede decirte que es hora de mirarte al espejo y a la vez devolverte una imagen desastrosa de lo que sos. Una imagen real. La antítesis de Narcizo. Es necesario mirar una y mil veces más. Llorar todas las veces que el cerebro mande y enfrentarte, por orden misma de tu músculo jefe, contra él, en lo que sea tal vez la paradoja mas grande de la vida, y una de las tareas mas dificiles. Así funciona el cerebro. El suyo a veces funciona demasiado y aunque resulta mediocre, siente envidia por aquellos anestesiados que parecen no tener problemas con el espejo ni con el mundo que los rodea. El cerebro busca siempre distraerse. De otra forma es casi imposible vivir en paz.
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