De balances y descubrimientos.

Pensó que haber sido bautizado con un sobrenombre tan ridículo era solo por una cuestión de complicidades vagas, de estupideces irresponsables y totalmente necesarias para alguien que necesita destruirse para transformarse. Pasó el tiempo y las decepciones le despertaron la conciencia de tiempo, lugar y especie a la que pertenece. Y si. Es humano, con todo lo que eso trae aparejado para bien y para mal. Él y todos lo que lo rodean.
Casi completada otra vuelta al sol, y en aniversario de lo que algunos le dijeron que fue su segundo natalicio, el búho pensó en su año. Tan disparejo y tan raro. Tan bravo y experimental. Tan cargado de emociones. Mucho tiempo contra las cuerdas... Cuando lo miras en perspectiva caes en la cuenta de que sin dudas fue uno de los años mas agitado de todos para su mente. Varios giros en su cabeza, muchísimo mas abierta de lo que había estado en, por lo menos, 10 años. Batalló fiero contra él mismo y sus miedos. Y perdió. Por un rato perdió. Se rompieron todos sus reflejos. Después de este año no va a volver a ser el mismo.
Con las ruedas en movimiento es muy difil pensar. Cuando se detienen es el momento. Y ahora que estamos detenidos puedo pensar en tres o cuatro cosas sobre el búho.

1. Ojos abiertos.
No se puede negar que se destruyó por completo. Un poco por elección y mucho por acción del contexto que lo rodea. Consiguió ciertas definiciones propias, certeras algunas y otras muchísimo mas vagas e incompletas. Se reconoció no ya como alguien complejo, sino todo lo contrario. Simple en un sentido amplio. A veces mas difícil de descifrar, otras menos. Genérico en su composición, pero con un cerebro que no puede detenerse en un hecho y dejarlo reposar como algo aislado que fluye por acción misma de la espontaneidad del mundo. Ese hecho y lo que se desprende del mismo. Y es duro. Es duro pensar. Es muy difícil no caer en la tentación de lo facilito que es aceptar y no cuestionar los motivos que desencadenan las acciones de los demas para con él. Poder mirarse a uno mismo es crecer. Pero primero, antes de emprender el viaje de cuestionamiento propio, es necesario amigarse con una máxima ineludible y tan cierta como innegable. Explicación no es lo mismo que justificación. Hay que escuchar para entender y explicar para ser entendido, pero esto solo puede dar luz al porque de un comportamiento, no justificarlo. Ahi yace lo principal. Las razones para explicar algo pueden ser válidas mil veces, pero sólo deben explicar el porqué de una decisión corajuda que conlleva consecuencias a veces difíciles de aguantar. Esas son las decisiones que pesan, no el silencio y el facilismo de la mentira. Es un "hacé lo que tengas que hacer" que vale para él y para todos, y nadie, ni siquiera él mismo, cumple. Y con todo ese rollo encima, el búho abre los ojos mucho mas que antes y queda ciego. Por lo menos al principio.

2. Encrucijada.
Tantas veces alzó la voz sobre situaciones hipotéticas, que resolvería con la altura de una persona super coherente. Como un personaje admirable de una película. Como un robot. Mierda. Todo mierda. No hay nada seguro acá ni en ningún rincón del universo, y el búho lo aprendió por las malas. Y tuvo que cargar con eso y volver sobre esas habladurías ridículas, dichos con grandilocuencia y con la seguridad de alguien que sabe que no le va a pasar nada de lo que le pasa a todos. Porque así funciona el mundo. Y con el asunto ya estallado en sus narices y emparchado, a pelear con los fantasmas. Chispas de oscuridad en el amor. Corazón bipolar. El búho calla, con la esperanza de resolver el embrollo y parar la tempestad de su cabeza algún día.

3. Perder es el principio.
Lo perdió todo una, dos y mil veces. Y la realidad es que no sabe hasta donde está orgulloso de haber aguantado en su espalda los latigazos que le significaban ser invisible. Un poco de vergüenza le queda, y reflexiona en silencio sobre lo dificil que es discernir entre pelear por lo que uno quiere y dejar que los demás lo hagan desaparecer, como si en la lucha todo estuviese permitido. Como si el premio final fuese mas grande que todo. Y en esa pelea crece la angustia que nace de esas preguntas. Y todo se vuelve confuso y difícil para el búho. Perder es el principio de toda transformación. Y cuando hay demasiado en juego, el proceso se torna brutal. Y si es necesario pensar en esa delgada línea entre la pelea y el orgullo una vez mas... Bueno, el premio, en esta ocasión, vale tanto como para permitirle a los demás moverse por encima y por debajo de la línea.

4. Vergüenza
No hay porque negarlo. Fue el año mas vergonzoso para el búho. Aprendió a no patearlo para afuera, sino aceptarlo, encararlo y tratar de resolverlo. Tiene vergüenza de todo lo que ve cuando mira el espejo, y lo que no ve también. Vergüenza de su cuerpo, vergüenza de lo que dice y de lo que calla, vergüenza de lo que despierta y mas todavía de lo que no despierta. Vergüenza de no haber sido él el que generó los pasos en falso y las confusiones, de no haber sido el que hizo temblar los cimientos de aquello que parecía indestructible. Vergüenza de no ser jamás el que hace suspirar, de ser sólo los sesos pero jamás la carne, jamás el cuerpo. Él sabe que, aun en disconformidad con todo su ser, puede rescatar su cabeza, sus reflexiones, su proceder en algunas situaciones. Pero todos, o casi todos en este orden anorexico del mundo, quisiéramos ser alguna vez el secreto, el comentario, el motivo de la risa cómplice, la confusión. El búho jamás lo fue y, aún teniéndolo claro, las obviedades duelen cuando toman cuerpo y definición. A veces sólo reposan como algo que existe y se sabe, pero no se manifiesta. Queda suspendido en el inconsciente y en armonía con uno mismo. Y cuando uno se choca con alguna situación que nos muestra esa obviedad, duelen hasta los huesos.
Ahora que tiene que rediseñar su memoria, que tiene que poner asteriscos aquí y allá, que tiene que pensar y repensar en gestos, señales, risas y situaciones, el búho siente vergüenza. Vergüenza de no saber, vergüenza de no haber sabido, de no haber imaginado, de su ingenuidad y su soberbia para creerse intocable. Sin dudas éste fue el año en que rediseño su persona y su personaje en varios niveles y varios aspectos. El principio.

Sólo esas 4 cosas. Quedarán para otro momento su manifestación interior de una elección ideológica más definida, de un descubrimiento sobre las nociones de impunidad que le da su sexo, de una búsqueda de ser igual que cualquier otrx en lo que a comportamiento y juicio se refiere. Todo es trabajo. Jamás termina. Esta rueda es gigante y nunca deja de girar, pero en este año maldito, el búho pudo definir ciertas cuestiones sobre él y los demás de una forma tan intensa que no podrá borrarlos por mucho tiempo de la maraña de pensamientos que es su cabeza.

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