Reglas de supervivencia
Te encuentra la madrugada en un lugar donde no querés estar. Como la mitad de las madrugadas. Es ahí cuando sucede. Los pensamientos negativos toman por asalto tu cabeza como si fueran piratas. Todo se vuelve un espejismo cuando miras para atrás. Todas las fotos, todo lo que se dijo, toda la información que se junta y viaja por tu red neuronal para proyectar un recuerdo, todo lo que crees que sabes, todo lo que das por sentado, todo lleva un asterisco.
Caes en picada y te transformas en un alter ego que no puede ser ni siquiera melancólico. No emitís palabra. Ni siquiera sonidos. Y ahí es necesario dibujar en tu cara una sonrisa y disimular.
Quedate callado. Esperá. Ya va a pasar. Inventate algún ritual zen y no pienses en el cinismo del ser humano. Contá hasta mil. Dejá de pensar. No pensar te hará encontrar la calma.
Todas esas viejas diabluras ajenas en loop te boicotean el juego. No podes siquiera refugiarte en la carne. No te mires al espejo. No rompas el equilibrio que buscas. No te enfrentes a los tóxicos. No te acuerdes de nada. No pienses en tus valores. No pienses en lo que dijiste. No pienses en lo que dijo nadie. No te detengas en que nadie, nunca, rompió contratos por vos en rincones ocultos.
La madrugada te encuentra, como siempre, donde no queres estar. Nadie sabe lo que pasa. Nadie vive dentro tuyo y te sorprende la cantidad de gente que cree que sabe de vos. No respondes los ataques, ni tampoco querés mostrar la herida. Mecanismos de defensa. Volviste a ser el del disfraz. Silenciamos el alter ego. Hasta el próximo ataque pirata. Por hoy, solo por hoy, ganamos la batalla.
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