Choque de cometas en la estación Matienzo
De alguna forma inverso-milagrosa, la costumbre y el impulso de mantener los ojos abiertos me hicieron abrir la compuerta del mundo zombie digital. Un par de ojos eléctricos me pidieron la contraseña sin disimulo y allí fui, como tantas otras veces. De repente, cuando los procesos se cargaron y los engranajes pusieron en marcha la maquinaria, el milagro ocurrió. La distracción y el olvido le jugaron una mala pasada a aquellos que hicieron del mundo incógnito su modus operandi. La baba salía de mi boca a borbotones y me abalancé como una bestia sobre su presa, sin pensar en el bien ni el mal. Sin pensar en mi corazón, sin pensar en la mentira, en la verdad, en la luz, la oscuridad o siquiera en esos versos que rezan que mejor dejar todo guardado en un baúl. Sin pensar. CRASH! BOOM! Choque de cometas. Explosión sideral y fin del mundo como lo conocemos.
Ahora bien, una vez que se rompe la matrix, pasamos a flotar en esa extraña sensación de inocencia absoluta, como si fuésemos bebés. Es extraño, dura poco. Mi cerebro funciona y tiene algoritmos que no lo benefician y rápidamente salgo de esa zona de confort. No existen santos. No existen vírgenes. Todos somos todo y todos, si vivimos lo suficiente. Es algo que pude aprender temprano, viendo salir el sol en la playa, una de esas noches del fin del mundo real. No fue la primera vez, pero si la puntada final. Todavía estoy buscando por la galaxia los restos de chatarra espacial, con música de violines en mis oídos. Acá, siendo invisible, sin oir ni respirar, casi sin existir, no se está del todo mal. Cada tanto salgo a dar una vuelta por el universo y meditar un poco, abrazando la soledad de esta estación, esperando alguna señal que me haga sentir que aún quedan rastros del universo tal y como lo recuerdo hace tan poco. La he pasado mejor, debo confesar. Pero en tren de confesiones debo decir también que, con esta vista de estrellas y saboreando cada tanto un poco de amor, y ahora que mis ojos están abiertos, la vida no es tan mala después del choque de cometas acá, en la estación Matienzo.
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