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Mostrando entradas de abril, 2018
Nunca te pongas en contra del tóxico de alguien más

Los mosquitos saben como funciona un mingitorio

Después de años de buscar y buscar, una pista me llevó por diferentes lugares sin conexiones aparentes entre sí. Fue mucho tiempo de seguir una misma rutina. Buscar, encontrar, volver a perder. Siempre sin darme por vencido. Hasta que por fin dí con sus huellas en tres ciudades de forma consecutiva. De vuelta en mi habitación de hotel, después de haberlo visto desde lejos bebiendo un cafe (un cafe acá, licores de allá, un plato autóctono de otro lugar), me encontré con una carta. La abrí con curiosidad pero sin demasiado apuro. Sabía que él me había notado mucho mas rápido de lo que yo había podido encontrarlo a él... "Estás perdiendo tu tiempo. Es, acaso, lo más valioso que se puede perder. Una de las pocas cosas que no se pueden recuperar. Yo ya estoy muerto, desaparecido, olvidado por la mayoría. Elegí lo que prefieras. No vas a poder hablar conmigo. No vas a poder volver a...

Crónicas dudosas de horas borradas

Les explicaba, sentado sobre un cajón de plástico, que esas horas no pueden ser contadas con total veracidad. Solo es luna, sol, luna, sol y arena. Asfalto y gritos, risas y traiciones. Me dijo alguien, que dos de nosotros habían sido sorprendidos tratando de usar la navaja de un cortaplumas para abrir aún más la puerta del mundo que el tío Alberto sintetizó una tarde.  Un leoncito de melena brava, sacado y descontrolado, hizo las veces de ladero mío (o tal vez yo hice de ladero suyo, quien sabe) para que hagamos una dupla compositiva, y nos creamos unos Lennon - McCartney del Conurbano. Son pedazos de escenas desarmadas que se cuelan por todos lados. Recuerdo, eso si, una gran pelea en la que no tuve nada que ver, pero que nació por mí y en la que tuve el atrevimiento de meter algún bocado. No puedo identificar con precisión los personajes, pero sé con seguridad que hubo una traición. Y no mucho más. Ah si...

Pesca con mosca

Recorrí casi todo el mundo buscándolo. Me metí en lugares olvidados. Caminé kilómetros bajo el sol por locaciones inhóspitas. Bruselas, la Havana, Stuttgart. Finalmente dí con él. Estaba sucio, viviendo en la calle, en un pequeño barrio de Francia donde los inmigrantes se ayudaban entre sí. Era lo que había perseguido. La clandestinidad. Me vio y me reconoció enseguida, pero no intentó escaparse. Me senté al lado de él y no le pregunté nada. Me dijo, tocandose la ropa, "soy esto, todos somos esto. Y yo lo vi. Lo veo siempre. Y no puedo dejar de verlo". Y pensando en todo lo que dejó atrás, no pretendí entender o indagar demasiado en lo que me quería decir. "Estoy empapado. Empapado de todo. Y acá somos todos iguales, vos me entendés. Ya soy como vos y como todos. Y acá estoy loco y estoy bien estando loco. Nadie me dice nada. Nadie espera nada de mi. Estoy loco y estoy bien...