Crónicas dudosas de horas borradas

Les explicaba, sentado sobre un cajón de plástico, que esas horas no pueden ser contadas con total veracidad. Solo es luna, sol, luna, sol y arena. Asfalto y gritos, risas y traiciones. Me dijo alguien, que dos de nosotros habían sido sorprendidos tratando de usar la navaja de un cortaplumas para abrir aún más la puerta del mundo que el tío Alberto sintetizó una tarde.  Un leoncito de melena brava, sacado y descontrolado, hizo las veces de ladero mío (o tal vez yo hice de ladero suyo, quien sabe) para que hagamos una dupla compositiva, y nos creamos unos Lennon - McCartney del Conurbano.
Son pedazos de escenas desarmadas que se cuelan por todos lados. Recuerdo, eso si, una gran pelea en la que no tuve nada que ver, pero que nació por mí y en la que tuve el atrevimiento de meter algún bocado. No puedo identificar con precisión los personajes, pero sé con seguridad que hubo una traición. Y no mucho más. Ah si, imposible olvidar las mentiras del muchacho que nos sorprendió a todos armando tabaco. Un proto rockero que enfrentaba la nostalgia de ya no ser, y que tiempo mas tarde, según me contaron, estafó al leon a un par de kilómetros de distancia.

Pd. Estoy 100% seguro de ser inocente de todo lo que se me imputa. Sólo reconozco ser culpable de comportarme como un Deléctrico.

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