pestañas postizas

Tengo que comprar cortinas. Pero no cualquier cortina. Esas especiales que no dejan pasar la luz. Tienen un nombre en inglés pero no es importante, hoy los vendedores saben todo y sino lo busco en internet. Tal vez ni siquiera vaya a comprarlas personalmente y termine usando el celular para encargarlas. Así me puedo ahorrar la interacción con mas personas y puedo reducir todo a escuchar al cartero diciéndome donde tengo que firmar. Así me siento. En esto estoy navegando hoy. Me despertó la luz que entró por la ventana, así que tengo que comprar cortinas. 

Busco entre las cobijas el celular para ver la hora. Lo encuentro. 13:48. Tal vez me levante, pero primero voy a liquidar el cuarto de porro que dejé anoche antes de dormir.

Me río recordando un pensamiento que cruzó mi mente anoche y que no anoté en mi cuaderno, tengo que hacerlo ahora. Viendo las repeticiones y resúmenes de los partidos del mundial, llego a la conclusión de que podes ser la gran potencia mundial del planeta posguerra, pero no importa cuanto dinero tengas, no podes comprar el código genético del talento. Y por eso los jugadores estadounidenses están viendo el mundial en un sillón. Pienso un poco más y hago futurologia. ¿Qué tan seguro estoy de esto? Por las dudas no lo borro, pero tampoco lo comento con nadie. ¿Quien sabe que puede estar pasando en los laboratorios militares? Mejor me levanto.

Me paro sobre el piso frío y otra vez siento el pinchazo de la puta espina que tengo clavada hace como 200 días. Listo, la tarde está arruinada.

Si mamá me viera, tal vez pensaría que estoy barranca abajo. Yo no me preocupo tanto. Soy como esos genios desprolijos con crisis de aseo, pero sin la parte de la genialidad. Simplemente soy un boludo en relación de dependencia, que no se puede sacar una espina y se la clava todos los putos días. 

Sobre la cómoda está el manuscrito de lo que algún día será mi libro “Exagerado: relatos de pequeñas tragedias intrascendentes”. Lo imprimí para mostrárselo a alguien, pero nunca se lo mostré a nadie ni creo que lo haga, a menos que lo publique. Cosa bastante difícil, si miro cómo está esta casa y teniendo en cuenta el estado de mi imaginación actual.


*que hijo de puta es el ego.


Armo otro porro, fumo un poco y me voy a bañar. Pongo música en el celular y la ducha, estando loco, mejora 100%. Me pongo ropa usada y cuando me calzo las zapatillas vuelvo a sentir ese pinchazo de mierda. Algo tengo que hacer.

Salgo y me subo al auto. Todo el puto viaje sufriendo por esa espina. Y así es mi semana y mi mes. Estás bien y de repente te agarra por asalto el dolor de la espina haciendo presión contra mi carne. A veces pienso que el dolor es cosa de acordarse. ¿Me duele todo el tiempo y me doy cuenta cuando me acuerdo? ¿Hay alguna especie de truco psicológico para engañar a mi propia psiquis? Otra vez se me vienen a la cabeza los laboratorios militares. Torturas experimentales para enseñar a desviar el pensamiento del dolor. Prisioneros de Medio Oriente, sin ninguna culpa de haber nacido en alguna nación con pozos petrolíferos, criado entre mugre y escombros, sirviendo de conejillos de indias para que los soldados gringos puedan sobrevivir a un interrogatorio salvaje sin morir en el intento y, sobre todo, no dar respuestas que hagan perder el dominio mundial. No sabe lo que es dormir de verdad. Y ahí está, salvando las libertades del imperio. Los prisioneros de ellos se sacrifican para que los otros cientos de millones puedan caminar por las calles y hacer de cuenta que el gran hermano no los observa. La puta espina otra vez. No puedo pensar con claridad. Esto me pasa... yo sé porqué. Aquella vez que barrí la mugre debajo de la alfombra, en vez de hacer lo que correspondía. Las chances de clavarme una espina y no poder sacarla eran grandes. Las asumí y acá estoy, carajeando y conchasumadre. Como un solitario más. Y soy el único. Yo sólo tengo esta espina, a mi solo me sigue llamando la mugre (restos de una fiesta en la que no participé). Tal vez algún día pueda aliviar mi molestia. Tal vez algún día responda el llamado. Tal vez algún día pueda usar la máquina y todo esto quede como un mal sueño de un paranoico.  Tal vez, si, sólo es el mal sueño de un paranoico. El sueño de alguien que vive en un sueño. El sueño de alguien que es el sueño de alguien más. Tal vez la máquina ya fue inventada y hay alguien jugando con todos nosotros como si fuésemos piezas de ajedrez. Tal vez ya arreglé mi vida varías veces. Tal vez... tal vez estoy pensando demasiado. Debería ir a buscar la mugre y devolver esta puta espina, que no me corresponde, al lugar de donde salió.


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