Doble filo
Filosofar y divagar sobre los controles que significan las reglas, costumbres códigos y tradiciones que determinan el sentido común es necesario. Casi parte obligada del desarrollo de la mente para toda una generación pre-pantalla. El paso del tiempo y pocas cosas en que ocuparlo, teniendo pocas opciones (comparadas con lo que se ve hoy día) para explotar los ratos de ocio, termina decantando en reflexiones que generan inquietudes y deseos de romper los grilletes que nos mantienen rehenes de un sistema que solo acomoda a la descendencia de los que ya tienen su lugar acomodado en el buen cine del futuro.
Sin dudas ha sido a lo largo del tiempo el motor que impulsó grandes obras de artes que hirvieron la sangre y reventaron los corazones de millones de jóvenes (y no tanto) en todas las latitudes del mapa.
Hace algunos años una frase me golpeó, “estan las personas y están las ideas”. Porque los sabuesos del capital siempre están al acecho de las nuevas ideas y los conceptos que en un principio son liberadores, para poder monetizar ese sentimiento inquietante que nos lleva a querer buscar la libertad y la expresión.
Esa misma actividad de filosofar sobre los porqués, lo que “está mal” y lo que “está bien” es frecuentemente el arma favorita de los tramposos y manipuladores. Charlatanes. Aquellos que tienen la actitud y la intención, pero no tienen el capital para adueñarse del mundo y solo pueden limitarse a moverse con zozobra y cinismo entre nosotros, los normales y los casi-morales. Cazadores que se apoyan en esas zonas grises entre el bien y el mal, que con palabras grandilocuentes y conceptos interesantes convencen a los distraídos para justificar conductas aberrantes, desconsideradas y egoístas. Pueden no tener el capital, pero el mundo es suyo porque nosotros dormitamos y permitimos. Porque nosotros a todo nos resignamos y aceptamos las miserias de los demás desde la pasividad que significa el deseo de entrar al edén. El ancla de la moral. Y otros solo queremos vivir tranquilos y, de igual forma, los dejamos ser.
Sepan ustedes, ratas, que algunos somos conscientes de sus manipulaciones. Que las palabras rimbombantes y la simulación de comprensión del mundo más allá de los sujetos “average” no nos seducen. Que igual los condenamos. Sabemos (vaya que si) que todo es gris. Que es verdad. Que la cabeza no es binaria y que nadie camina en línea recta. Pero no piensen ni por un segundo que no condenamos su comportamiento miserable. No crean que compramos su discurso barato para poder moverse entre los aburridos que hacemos girar la rueda. Podrán inventar excusas bonitas para llenar sus bolsillos y regar su esperma y a veces tal vez hasta harán que dudemos sobre sus motivos. Pueden llegar a engañarnos en ocasiones. Pero sepan, basuras, y lean con atención, tal vez se metan en la cabeza de todos. Pero en la noche oscura y solitaria, cuando ya estén satisfechos con sus botines, chocarán con la inevitable verdad. La almohada no perdona.
“Sé lo que nadie quiere, voy a empezar a contar”
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