Fiebre
Cada uno tiene su fiebre. La mía no me deja dormir. O si. Técnicamente si. Pero nadie en su sano juicio llamaría dormir a esos intervalos de sueño en los que no se si descanso y sano, o me muero un poco. Mi fiebre, como la de todos, aparece y se va. Pero nunca me deja del todo. Tal vez todos seamos un poco así. Tal vez la gente que parece despreocupada y madura no es tal, y comparten espacio con nosotros solamente para recordarnos nuestras enfermedades. Después de todo ¿qué es ser maduro? ¿No enojarse? ¿Dialogar? Lo intenté todo en el manual, y nada me curó la fiebre. Casi que quiero sentir orgullo de como trato de evolucionar y no caer en lugares comunes, fáciles y patéticos a la hora de exponer mis miserias, bajezas y vergüenzas. No puedo. Tampoco me sirvió ser salvaje. Cuando fui salvaje saqué las uñas un poco por demás. Marqué heridas que volvieron como un bumerang, como si me las hubiese hecho a mi mismo frente al espejo. Ser insensible no está en mi adn. Ya no. Ya no soy el tipo que dice barbaridades cuando en realidad debería hacer caricias. Pierdo siempre, perdía ayer, y hoy pierdo mucho peor. Pensé en meterme en uno de esos libros en los que me refugio cuando me escapo un poco, y probar con el humito, con la yerba del diablo, con escapar al desierto a buscar un viejo sabio que me ayude a curar mi fiebre con las bondades de la tierra. No puedo. No puedo porque siempre me acuerdo y me resigno al ser un normal y un aburrido. No puedo porque siempre voy a ser un normal y un aburrido que cumple el mismo ciclo con las personas. Fascinación, acostumbramiento, aburrimiento. Siento que así funciono. No exagero. Puedo ser encantador si me conoces cuando no estoy afiebrado, de verdad. Te voy a tirar toda mi artillería por ese sentimiento barato de querer fascinar para sentir que en algo tengo que ser bueno, que algo de lo que envidio de los demás tengo en mi. Pero... Siempre pasa lo mismo. Las personas nos acostumbramos a las demás personas. Y esa fascinación que tal vez sentiste (o tal vez no), conmigo se esfuma rápido. Ahí pasas a la segunda fase, el acostumbramiento. Podemos vivir acostumbrados, ¿porque no? Lo hacen todas las familias, matrimonios, grupos de trabajo y amigos ¿no? No. Conmigo no, no funciona así. Lo que pasa es que yo tengo un tipo de fiebre que cansa. Que aburre. Entonces a todos les va a pasar lo mismo. Te vas aburrir de mi. Haceme caso. No pruebes. Te vas a aburrir. Y ¿sabes cual es el problema de lo que te aburre? Que no lo querés hacer más. Así soy yo. No es gracioso darse cuenta, pero me gusta pensar que es valiente asumirlo. Lo único que puedo hacer es tratar de estirar cada fase del ciclo lo más que pueda, antes de que te aburras. Correr contra el reloj, digamos. Y ahí, como siempre, pierdo. Ahí perdemos todos.
Los ciclos están cumplidos solo cuando están arruinados. Ese es el fin. No creas la mentira de algún final diferente. Se termina cuando está agotado, cuando ya se necesita un cambio. Cuando alguien tiene la sensación de que algo pasó, o va a pasar. Y mi fiebre termina con cualquier ciclo.
Así es mi fiebre, bastante simple. Bastante aburrida. Bastante patética, pero mía. Convivo con eso, y no me va a alcanzar una vida para curarla. Asique ya sabes, alejate de mí. No te dejes engañar si por esas casualidades funciono bien y te causo algún tipo de fascinación. Es una farsa. Te vas a aburrir de mi. Haceme caso. No pruebes...
Comentarios
Publicar un comentario