Bitácora desde el exilio espacial

Desde mi ventana de doble vidrio de 30mm, veo la Tierra y millones de estrellas. Voy y vuelvo, estoy en órbita y puedo apreciar la belleza y la perfección de estos paisajes que, injusta e increíblemente, sólo una pequeña porción de los que estamos vivos llegará a ver alguna vez. Paso horas en esta ventana. Por momentos ya no se si estoy adentro o si estoy afuera, si soy yo mismo o si ya me materialicé en una estrella y soy sólo un punto lejano dentro de una galaxia. Tal vez así nos vean las estrellas a nosotros. Y voy. Y vuelvo. Y todo en el universo se mueve de una forma que me hace sentir cercanía y al momento siguiente me hace sentir lejano. Y esa sensación de lejanía es tan brutal que termina mutando en un rechazo de este universo gigante, hermoso y cambiante, hacia mi. Yo, que lo amo y lo admiro durante horas. Y me vuelve loco porque es imposible sentirse parte estable de este universo de esta forma. Escribo, pienso, reflexiono, mirando por mi ventana. Y en los dias mas bravos en donde no soporto este silencio de exilio, esta soledad inhumana y galáctica, pienso sin más vueltas que este universo, por sobre todas las cosas, tiene la capacidad inequívoca de hacerme sentir un pelotudo con una facilidad tan eterna como toda su inmensidad.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Los mosquitos saben como funciona un mingitorio

Los gatos no se miran al espejo

Solo un tropezón